Los tiempos en los que Rusia no era más que una sombra en el panorama geopolítico mundial nos resultan lejanos. Desde la reelección de Putin en Marzo de 2004, la influencia de Rusia en el panorama internacional no ha dejado de aumentar.
Tras la caída del comunismo, el telón de acero se llevó consigo, no una economía maquillada durante décadas, sino prácticamente todo el edificio de relaciones internacionales que con tanta astucia trazaron los líderes soviéticos.
El fin de la URSS supuso la práctica desaparición de las redes de influencias impuestas militarmente en la Europa oriental, finalizando la dominación entre las manos de una OTAN y una Unión Europea con sistemas democráticos liberales muy jugosos para los países del Pacto de Varsovia. Asia central por el contrario, se convirtió en el único espacio en el que tras el fin del sueño soviético, la influencia rusa fue capaz de superar a la americana. Pese a ello, en 1992 la Federación Rusa había perdido el rol de superpotencia, quedando desplazada a un segundo plano en las relaciones internacionales.
El orgullo ruso permitió que de la mano de Boris Yeltsin, el país no abandonara la representación en los principales órganos de decisión internacionales, aunque su influencia fuera prácticamente irrelevante. La cesión del asiento en el G-8 era la manera que tenía EEUU de demostrar al mundo que la vieja Rusia no era más que sombras y fantasmas. Con el 11 de Septiembre y ya con Putin en la presidencia, Rusia vio la oportunidad de “legalizar” su guerra contra las últimas repúblicas independentistas en el Caúcaso, a la vez que se fraguaba una estrecha alianza con Bush y con el mundo occidental. Pero podríamos considerar este hecho como el principio de una nueva etapa. Tras mantener su sillón en el Consejo de Seguridad, en el G-8 y en diversos organismos de relevancia internacional, los politólogos rusos, y en especial el nacionalista Putin, supieron colocar a la “madre patria” de nuevo en primera plana de la escena internacional. El no apoyo, o la oposición a la Guerra de Irak, permitió empezar a vislumbrar de nuevo al gigante mundial, a la vez que la dulce alianza americana se iba agriando.
El fortalecimiento de la geopolítica rusa tal como la ha concebido Putin, se ha apoyado en tres pilares fundamentales adaptados a este nuevo milenio: la herencia soviética, las fisuras de las políticas internacionales de Estados Unidos y Europa, y el petróleo.
En primer lugar y tras la catástrofe soviética, Rusia comenzó a utilizar las redes de influencias heredadas del pasado, mediante el control político-económico de sus vecinos en forma de democracias tuteladas como los casos Bielorrusia y Moldavia, mientras los antiguos miembros de la Unión Soviética eran atraídos por la Unión Europea.
Hasta hace menos de un año, el dolor infringido por la pérdida de la influencia europea era compensado por la pervivencia de su socio comercial más importante, Ucrania, con el que ha mantenido intercambios económicos y geomilitares muy importantes.
Pero el golpe sufrido por los ultranacionalistas del Kremlin con la Revolución Naranja fue tan fuerte, que incluso provocó una respuesta fuera de las prácticas comunes cortando el suministro de gas al resto de Europa.
Además de la débil influencia directa en Europa y de la vía libre aprovechada tras el 11-S en el Caúcaso, la herencia de la URSS llega hasta Asia Central, fuente inagotable de recursos energéticos baratos, y que ha permitido obtener una victoria psicológica y estratégica importante frente a EEUU que ha perdido parte de su influencia en esta zona, considerada por los analistas tan importante para los hidrocarburos como Oriente Medio.
La templanza y la medida de los tiempos ha sido una de las principales virtudes de la política exterior de Vladimir Putin y de su hoy Ministro de Exteriores, Sergey Lavrov.
Desde la negación velada a la intervención en Irak, Rusia se ha deslizado por los recovecos más inverosímiles dejados por EEUU y por la Unión Europea: ha recibido a la delegación palestina de Hamas, considerada como terrorista por occidente, desbloqueando así una situación que se antojaba inamovible y situándose como portavoz del cuarteto en Oriente Medio. Lo mismo ocurrió con su interlocución con los representantes de Irán. Rusia fue el encargado de negociar con el país islámico ofreciendo incluso la posibilidad de realizar parte del proceso de enriquecimiento en suelo ruso.
Si alguien puede evitar la escalada de la violencia en Oriente Medio, e incluso en Irak, ese es Vladimir Putin. Incluso sin tener tropas desplegadas en ese país. Y no solo eso. El principal proveedor de hidrocarburos “seguros” para cada vez más países es Rusia, y eso pese a la crisis del gas de este pasado invierno. A las extravagancias de Chávez, la fragilidad de las explotaciones nigerianas y el repudio de los hidrocarburos iraníes, hay que sumar la extraña incertidumbre en el Golfo Pérsico y en la región, manifestada en forma de intentos de atentados contra la principal planta petroquímica saudita hace menos de 3 meses. Así mismo Rusia condicionará la política asiática en forma de dos oleoductos, que apagarán el ansia de materias primas de China, y aliviarán la dependencia de las exportaciones de crudo en Japón.
Europa tembló con los recortes de gas. Pekín y Tokio dependen cada vez más del petróleo ruso, y la solución a la situación actual en Oriente Medio pasa ahora por las manos de Putin y de Lavrov. ¿Qué ha pasado? ¿Cómo es posible que un país con gravísimos problemas estructurales, con un paro declarado del 8,5% y con una deuda externa de 185.700 millones de $ tenga a día de hoy un papel calve en la política mundial? ¿Dónde está EEUU, la hasta ahora potencia hegemónica?
Dos cosas se muestran con claridad. La primera es que la UE no ha sido capaz de articular una política exterior sólida y autónoma, y la segunda muestra la inoperatividad de un modelo hegemónico, que ha dejado la política norteamericana de supremacía internacional enfangada en los lodos de Irak y Afganistán.
Rusia ha irrumpido en la escena geopolítica como un actor internacional fuerte e independiente, acabando con la quincena dominada por la política unilateral estadounidense consentida por una UE paralizada por el Reino Unido y por eventuales socios americanos. Desde luego, Rusia ha vuelto a ser un gigante. ¿O es que nunca ha dejado de serlo? Es posible que simplemente se hubiera mantenido en...la sombra.
Muy bueno el artículo, mi mas sincera enhorabuena. Y totalmente de acuerdo, pienso que el gigante ruso nunca ha estado en la sombra, ha estado discretamente en un segundo plano, tapando sus miserias y sacando a reluciar su hegemonía. Y más nos vale, porque como tengamos que seguir confiando en los EEUU para la tranquilidad mundial, apañados vamos.
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Bravo. Me quito el sombrero, Alex, ante tan brillante trabajo. Pero... ¿dónde quedan los chinos? ¿No aspira el gigante asiático a dominar la escena internacional?
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Sol unas pequeñas puntualizaciones en el tema economico, Rusia lleva mas de seis años creciendo a un ritmo superior al 6% anal, su deuda externa ronda los 120.000 millones de dolares que es el 20% de su PIB (menos que la mayoría de las paises europeos) sus reservas divisas alcanzan los 200.000 millones de dolares además de un fondo de estabilización donde se ingresan los beneficios extras del petróleo por un importe superior a los 60.000 millones de dolares.
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Si, como mola el crecimiento macroeconòmico porque lo que es los pobres rusos se mueren de frio y hambre. Que bonito es el capitalismo!
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Felicito por el artikulo y rekalko el hecho q en realidad Rusia nunka habia dejado d ser d los grandes y siempre ha mantenido un rol hegemoniko dentro del panorama mundial, tan solo ha mantenido una politika d silencio frente al mundo por sus problemas ekonomikos. Una superpotencia nunka kae en la barbarie de la noche a la mañana tan solo c transforma y siempre enkuentra los medios necesarios para seguir en la kumbre, ejemplo del mismo hecho es el kaso Europeo q tiene una herencia milenaria y q hasta ahora c mantiene vigente komo uno d los blokes mas poderosos.
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Buenas noticias sobre el crecimiento económico ruso también en abril 2006:
ВВП России вырос в апреле на 6,8% Объем экономики России в апреле 2006 года увеличился на 6,8% в годовом исчислении по сравнению с 7% в марте, говорится в докладе Московского народного банка. Это самый низкий прирост ВВП с ноября прошлого года, когда он составил 6,7%. Тем не менее, темпы роста российской экономики в апреле превысили средневзвешенный показатель за предыдущие годы, что дает основание экспертам банка сделать вывод о том, что экономика страны продолжает устойчивый рост.
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mi amigo estoy plenamente de acuerdo con Ud sobre su postura concernmiente a Rusia, actualmente estoy realizando una investigacion sobre ese pais y es asi exactamente como ud lo analiza.Felicidades, mis respetos hacia su capacidad analitica. Cnel DEM HUGO VERA PARAGUAY
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