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20 de marzo de 2010 - Núm. 1494
 

De sociedades y poderes
José Luis Sánchez-Tosal

22 de enero de 2010

Todos sabemos que existen dos clases de poder claramente diferenciados, el considerado duro y que impone a la fuerza sus razones y conveniencias, y el blando o persuasivo. El primero, el duro, hoy dentro de las sociedades democráticas está mal visto y se reserva por parte de las élites gobernantes única y exclusivamente para cuando no les queda otro recurso. El segundo o blando es el que hoy día y dentro de los espacios homólogos, es decir, dentro de las democracias, el más usado es este, por tanto este ha sido desarrollado al máximo, y desde sus diversos mecanismos se llega a hacer parecer a veces que se pide o se desea aquello que no se quiere o necesita.

Así mismo existe también dentro de la sociedad civil una enorme sociedad conformista o con un grado de compromiso débil y por tanto de fácil orientación, al igual que hay pequeños grupos con conocimiento y capacidad crítica, que son muchas veces objetivos a abatir desde los poderes económicos o políticos o desde ambos a la vez. Todo este panorama no en poca medida se ve aún más distorsionado por los desencuentros entre el poder político y el económico, o los encuentros no justificados desde las necesidades o prioridades sociales distintas de las apetecidas de los poderes económicos.

En medio de todo esto están, para mayor complejidad, las fuerzas mediáticas y los deseos o necesidades reales o menos necesarios del ciudadano, el cual es a la vez consumidor que ejerce su influencia y es influido a su vez por el estado y los poderes económicos y viceversa, aunque esto con menores medios y en menor medida.

Pues bien, una vez presentado este panorama cierto de nuestras sociedades civiles actuales en el mundo conocido como democrático, pasamos a ver cómo ha funcionado todo en el asunto concreto del macropantano local. Existe un proyecto de pantano cuyo primer fin primordial dice ser regular el lecho del río para proteger a la población, y una presión popular ejercida por todos los vecinos del puente tan necesitados de esta como manipulados, y acompañados de todos los ciudadanos mirobrigenses para que se le diera una solución a esta tortura. Unidos pues todos no existía más que el incomodo ecologista, el cual se presentaba como obstáculo y se le ignoraba o ridiculizaba al tiempo que no se mostraban sus alternativas para solucionar la protección de esos necesitados de ella.

Desde este panorama, con todos sus poderes mediáticos, el poder económico presiona llevando al máximo la “persecución blanda” sobre la sociedad civil para que este le acompañe en su viaje, cargando contra el poder político cuando no manifestaba viajar de acuerdo y ridiculizando el civil disidente, apoyándose como pantalla en esa sociedad civil tan necesitada de protección como desinformada de las otras opciones técnicas que podían darse.

El resultado final de todo esto visto hoy desde el pantano es que la pared alcanza los máximos metros posibles, que ciertamente con ellos protege a la ciudadanía del puente y a numerosas fincas del lecho del Águeda, pero con las enormes lluvias caídas y la forma de ver su funcionamiento regulador, queda claro que para todo esto no era necesaria tamaña pared, que indudablemente tiene otros fines, los cuales y los valedores de estos han vencido a la no mucha resistencia política y a la tan crítica como aislada oposición ecologista.

El resultado de esto es también la inundación de un paraje con una importante galería forestal y con toda la vida que alberga y sus lugares dignos de andar, ver y disfrutar, de los cuales de estar vivos y alegres como estaban ha pasado a ser un paraje de pantano, como son, tristes, vacíos y desolados, donde los perdedores a largo tiempo son los lugareños, los beneficiados los explotadores futuros y las personas que reciban la posible energía, y los beneficiados inmediatos los constructores de las infraestructuras tan faraónicas como innecesarias pero que la construcción del pantano han hecho necesarias. Todo esto se habría evitado con la construcción de pequeñas presas allí donde los técnicos las hubieran visto posibles, o el recrecimiento de las existentes en los molinos o ambas cosas a la vez, las cuales hubieran retenido el agua suficiente para abastecer a las poblaciones cercanas, así como hubieran sido lugar de recreo que estarían ahí todo el año, y no como las piscinas que se construirán que darán servicio poco más de un mes y con coste para los ayuntamientos.

O sea, que desde nuestro pantano tenemos para cualquier observador el retrato robot de todos los componentes sociales y fuerzas del mundo actual, las económicas, políticas, mediáticas, de la sociedad civil de ciudadanos y consumidores, así como del comportamiento y sitio de estas, y las razones y deseos de cada cual. Y creo que también el resultado final del pantano ha sido el reflejo de dónde están y qué quieren todos, así como cuánto puede cada uno y a dónde nos puede encaminar esta situación, que ciertamente es sólo una de las cientos de miles de acciones de este tipo, no por eso dejar de ser una de las acciones que junto con otras miles nos ha llevado a forzar a que los políticos se reunieran en Copenhague. El resultado de esta reunión ya sabemos cómo acabó, con unas fuerzas económicas que no han dejado resolver a nuestros representantes políticos emparedados entre la ciudadanía crítica y sus jefes los poderosos empresarios económicos, acabando todo sin ninguna definición ni solución al problema, es decir, como ese barco que va por un río y al que hoy ya nadie discute que de no frenarlo llegará a unas cataratas donde se despeñará, y con los que lo han intentado parar en la cárcel.

ciudadrodrigo.net

 

Por José Luis Sánchez-Tosal

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