Cuando a un político se le achaca algo inverosímil no responde, su respuesta es su silencio.
Cuando es verosímil da una nota de prensa y no se pone al teléfono.
Cuando es creíble convoca una conferencia de prensa y se abstiene a las preguntas periodísticas.
Cuando es demostrable lo desmiente por su honor y recibe el apoyo de su partido.
Cuando es la pura evidencia y se siente amenazado por la justicia, vuelve al principio se calla.
Cuando se demuestra su culpabilidad y termina entre rejas nadie de su partido conocía nada, sus vecinos lo repudian, sus votantes le atacan.
Para que luego se diga que no es duro ser un político corrupto.
Y es que no hay peor enemigo que el que fue amigo del partido.










