Hace sólo 40 años la vimos desde el espacio, y nos dejo deslumbrado por su belleza. Hoy ella se venga de nuestra maldad, es la venganza de la madre Tierra. Según la FAO en 2009 la cifra de hambrientos en el mundo es de 969 millones de personas, 109 millones mas que el 2007. Sólo en el Congo hay 30.000 niños dispuestos a matar o morir por un poco de comida.
El 2008 ha sido uno de los más devastadores de la historia, precisamente cuando de los 10 años más calurosos registrados por la Organización Meteorológica Mundial corresponden a los últimos 12 años. El cambio climático no solo ha empezado sino que esta provocando la muerte de unas 315.000 personas cada año.
Este fenómeno no es “natural”, sino inducido por nosotros mismos. Los gastos astronómicos en la carrera espacial, el asesino negocio del armamentismo, de las guerras de Irak, Afganistán…que tanto les gusta a los presidentes americanos. Frente al consumismo y el derroche energético que dentro de unos días alumbraran innecesariamente nuestras calles, la Tierra grita de dolor.
La ultima crisis, hija del capitalismo neoliberal, embrutecido en la usura e inhumano ha ignorado e ignora los sufrimientos de los pobres así como las limitaciones reales de la Tierra.
El cambio climático es el mayor desafío humanitario de nuestro tiempo, por ello es necesario, es urgente “que en Copenhague se logre el acuerdo internacional más ambicioso jamás alcanzado, o tendremos hambrunas, migraciones y enfermedades masivas” y no lo decimos nosotros, lo dice Kofi Annan en el prologo del informe presentado en el Foro Humanitario Global celebrado en Ginebra.
Pero para ello tendremos que cambiar de una vez nuestro modelo económico porque el capitalismo no tiene lugar para cuidadores/as, sino solo para explotadores/as y consumidores/as.
Por eso se impone una nueva ética, una ética subversiva en donde impere conciencia y conocimiento, la conciencia de nuestra pertenencia a la naturaleza y el conocimiento de que el capitalismo nos ha llevado a una crisis antropológica, en una perdida del sentido de pertenencia a un proyecto común como es la propia vida, y ello se traduce en un comportamiento destructivo hacia la naturaleza, con secuelas nefastas para nosotros mismos.
La pregunta es, ¿lo sabrán nuestros políticos? Por las luces que nos preparan, parecen que quieren que se sigan apagando cada día la triste mirada de millares de niños/as inocentes. Y eso no lo podemos seguir permitiendo ni un minuto más.










