Información libre e independiente

20 de marzo de 2010 - Núm. 1494
 

Un nobel de la paz de armas tomar
Domingo Benito

21 de diciembre de 2009

Pasó la explosión sentimental y la euforia desatada en un primer momento se ha ido calmando poco a poco hasta mostrar la verdadera cara del presidente que arrasó con los republicanos. Lo cierto es que se lo montó realmente bien: con un carisma excepcional, un gabinete de comunicación con capacidad de generar dependencia del slogan y el candidato y una oposición desmontada en sí misma que venía defendiendo al peor presidente que ha tenido nunca EEUU. Ya cuando Hillary cayó, el ambiente se llenó de Obama y el camino a la Casa Blanca de este “negro para los republicanos y blanco para los demócratas” estaba chupado. Y llegó Barack con su “yes, we can” y el cambio estaba servido. Cambiaron de familia en la White House, los altos cargos del gobierno, la página web, algunos modales, las entrevistas dejaron de dar vergüenza ajena, hubo baños de masas, algún error en la toma de posesión y… ya. Las políticas no cambiaron. Buenas palabras y buenas intenciones, eso sí, parece ser lo único que diferencia a éste de aquel, a Obama el bueno de George el Terrible.

Lejos de cambiar de estrategia internacional, el presi sigue empeñado en erigir a EEUU en salvador de la humanidad aunque sea a costa de bombardear pueblos enteros y de desestructurar zonas ya de por sí convulsas hasta la médula. Y España le ríe las gracias. Porque es cierto que en Afganistan nuestra misión no es de guerra, o eso dice la ONU. Pero también es verdad que no se puede decir que se va en misión de paz allí donde hay una guerra abierta.

A la gente hay que decirle la verdad y explicarle las cosas como son. Puede ser que haya tropas defendiendo a la población civil, construyendo puentes y escuelas y todas esas cosas que el ejército español, cual ONG, dice que hace. Pero en Afganistán hay abiertos dos frentes que son incompatibles y no pueden convivir. Por un lado está la operación “Libertad Duradera”, eufemismo tras el que se esconde una acción militar cuyo objetivo es controlar el país. Una ofensiva puesta en marcha por Bush y cuyos procedimientos son el bombardeo, el tiroteo, en otras palabras: la destrucción del enemigo. Es decir, una guerra abierta y sin tapujos en la que todo vale, desde bombardear poblaciones civiles hasta detener a personas y mantenerlos en una prisión ilegal a miles de kilómetros sin juicio ni acusación alguna. Todo en favor, como ellos dicen, de los Derechos Humanos. Aquello de “enseñar con el ejemplo” no debe estar de moda en los Estados Unidos.

Pero existe otra operación, la llamada ISAF, que traducido al castellano significa “Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad”. En ella participan nada menos que 37 países bajo mandato de la OTAN y, supone, si queremos verlo así, la estrategia más “política” (y lo pongo entre comillas). Según la ONU y la propia OTAN, ésta es una operación de paz cuyo interés es la estabilización política de Afganistán que debería tener repercusiones en el entorno. Y aquí es donde viene el dilema fundamental. ¿Pueden convivir en el mismo país y al mismo tiempo una operación dirigida por EEUU cuyo interés es la demolición de un enemigo en un territorio que no ha sido tomado nunca desde hace más de 2000 años con otra que intenta tener un acercamiento a la población? ¿Se puede bombardear por un lado y construir por otro? Bajo mi punto de vista esto es imposible. En esta coyuntura, España ya debería haber decidido (el Gobierno me refiero) que si tenemos que estar en Afganistán no es con esta sinrazón. Por tanto, que si tuviéramos que estar, desde luego que no es para apoyar en segundo plano una estrategia invasiva como la de EEUU.

Y aquí llega la cuadratura del círculo, cosas de la política internacional que sólo pueden darse en esta época en la que llamamos “misión de paz” a tirar bombas y “libertad duradera” a invadir países. Tras episodios como “recibe el Nobel no por lo que ha hecho sino por lo que hará“, hoy presentamos “nobel de la paz después de aprobar el envío de más soldados para acelerar la guerra“. 30.000 soldaditos nada menos para conmemorar un premio que cada vez huele peor. Con decir que Henry Kissinger lo recibió y que Hitler estuvo nominado comienzan a sobrar las palabras.

“Aumentar el esfuerzo militar y dar un golpe espectacular para que así la guerra acabe antes y haya menos fallecidos”. No es la primera vez en la Historia en la que este razonamiento ha sido el causante de dramas monstruosos. El terror de dos bombas atómicas parece no haber enseñado nada y repitiendo la misma estrategia que los soviéticos en 1979 parece que lo único que se conseguirá en Afganistán es más muerte, más odio y menos paz. Y para todo lo demás: un premio Nobel.

dominbenito.wordpress.com

 

Por Domingo Benito

En la misma sección

El mismo día

 
Multiverso incognoscible
El fumador de riesgo
Multiverso incognoscible
Una Tercera en Construcción
Multiverso incognoscible
Voluntariado Militante
Espejo del momento
La utopía, degradada
Ciudad Rodrigo en Red
La milana no
Idiota en Brobdingnag
Involución cultural
Desde el manillar
Construir con lo que tenemos
Editorial de Bejar.biz
Renovar la Fiesta del Corpus
Voces Amigas
A cuentas viejas

Diario digital, libre e independiente de Salamanca (ISSN: 1886-1016)
Licencia Creative Commons ¿Quiénes somos? Contacto ¿Quieres colaborar? Acceso redactores Nuestro logo Si eres legal Enlázanos Nos enlazan
Google Mi Yahoo Add to My AOL bloglines Subscribirse a Newsgator Subscribir a netvibes Mi Yahoo