El derecho a la libertad de expresión es uno de los pilares de la democracia. Sin embargo, un mal ejercicio de este derecho puede colisionar con otros derechos: intimidad, honor, etc. Hay ocasiones en las que es evidente que no se ejercita ningún derecho, sino que directamente se comete un delito.
Es el caso del “periodista” de La Gaceta Regional de Salamanca Juan Carlos García-Regalado, que en un artículo de opinión publicado el viernes 5 de febrero, llama al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, lo siguiente: “este tío es gilipollas”. Además, se dice “Gobierno-de-mierda”, “impresentable”, “entérate de una puta vez”, etc. Además de insultar al Presidente del Gobierno, ha insultado a más de 11 millones de españoles que votaron su programa político. La descalificación a la voluntad de la mayoría pone de manifiesto qué sentido de la democracia tiene un diario como La Gaceta de Salamanca.
La discrepancia de ideas, el desacuerdo y la crítica son actitudes deseables en el ejercicio del periodismo. Pero el insulto no puede ser gratuito. Un diario que presume de ser líder en la provincia no puede permitir semejantes faltas de respeto ni el uso de un lenguaje macarra, mafioso y abominable.
No sólo se está insultando a la inteligencia, sino que claramente, y así lo recoge la jurisprudencia, esas palabras constituyen un delito de injurias (artículo 208 del Código Penal: “Es injuria la acción o expresión que lesionan la dignidad de otra persona, menoscabando su fama o atentando contra su propia estimación”). Ha llegado el momento de que las fuerzas políticas democráticas adopten las medidas necesarias.










