Las múltiples voces que claman en esta ciudad una mayor dotación de plazas de aparcamiento para coches merecen unas palabras. Sobre todo cuando la disminución o el aumento de las plazas de aparcamiento parece estar tan asombrosamente ligado a la intención de voto.
El extendido y monótono debate sobre estas parcelas, incluso desde los sectores más progresistas de la escala local, imposibilita en gran medida avanzar hacia nuevos horizontes en un debate que, si bien son menos digestivos en apariencia, sí que contribuyen a la construcción de una ciudad más moderna, inteligente y habitable. En términos nutricionales, una dieta más equilibrada. Pero estando como estamos anclados en una praxis de política y fidelidad política propia de otros tiempos, no resulta tan absurdo pensar que si un coche pasa por lo general el 95 % de su vida aparcado en la calle, sus dueños y dueñas utilicen este derecho de sufragio para valer la gestión de cada metro cuadrado de la ciudad. ¡Estamos hablando de mucho tiempo en la calle!
Bajando al subsuelo quizás el tema del aparcamiento cobre aún mayor peso político. Si dividimos el presupuesto de licitación de los futuros aparcamientos subterráneos de Garrido Norte y el Paseo de San Antonio entre el número de plazas previstas y los metros que ocupa cada una (unos 12,5 m2), obtenemos unos costes para plaza de 17.237 € y 22.105 €. Es decir, un precio por metro cuadrado de 1.378,96 € y 1.768,4 € respectivamente. ¿A cuánto está el metro cuadrado para que vivan las personas?
Por eso, mientras se destinen semejantes cantidades de dinero público a la cruzada por garantizar el aparcamiento como respuesta al clamor ciudadano, puede que no entendamos otras formas de gestionar y de utilizar el ecosistema urbano. Existen ejemplos en otras ciudades donde los ciudadanos debaten qué lugares serán designados como zonas de baja emisión de CO2, lo equivalente a restringir al tráfico. Otras en cambio, se permiten dejar en manos de los más jóvenes cómo quieren que sean los parques y jardines donde en el futuro jugarán solo ellos y otros que lleguen después. También las hay donde se han desestimado definitivamente los semáforos. ¿Por qué será? ¿Habrán superado lo del aparcamiento?
En el libro The High Cost of Free Parking (El alto coste del aparcamiento gratuito) Donald Shoup estima que el 99 % de los viajes en EEUU terminan en un aparcamiento gratuito. Esto es tan cierto como que en muchas ciudades americanas existen más plazas de aparcamiento que habitantes, y por eso conducir, sea el motivo que sea, es tan común. El alto coste viene derivado de la saturación de las ciudades y el aumento exponencial en el gasto de las infraestructuras. El abuso de combustible, la perdida de tiempo o los efectos derivados del deterioro de la calidad ambiental son también parte de los números del aparcamiento gratuito.
En un ejercicio de importación cultural con vistas a mejorar la dieta colectiva podríamos trasladar esta causa-efecto a nuestra ciudad y, más concretamente, aplicarla a la política de la bicicleta. Con el aumento de la oferta de aparcamiento para bicicletas estaríamos estimulando su uso y por lo tanto serían cada vez más los salmantinos los que, en lugar de gastar calorías y disparar el colesterol tratando de buscar un lugar para amortizar ese 95 % de tiempo inútil de un coche, se desplazarían en bici mucho más a menudo. Al menos con el aliciente de saber que tienen un aparcamiento al final del trayecto. En este caso los costes no tienen nada que ver ya que la bicicleta no contamina, ocupa 15 veces menos espacio público que un coche y, entre otras muchas razones, ahorra por ejemplo los costes de asistencia sanitaria por causa del sobrepeso. Porque no nos engañemos, si en las distancias cortas gana siempre la bicicleta, en las largas muchas veces olvidamos el tiempo y los recursos que se invierten en una labor detectivesca, si, la de privatizar el espacio público.
Posiblemente entonces estaríamos ya preparados para hablar de dónde y cómo juegan los más pequeños, por dónde va el peatón y bajo qué condiciones, qué carriles y plazas de aparcamiento le sobran al coche y cuántos necesita el autobús, discriminar los espacios públicos para “estar” y para “pasar” o llegar a proponer la reducción progresiva del frenético ritmo urbano. Y por supuesto también contribuiría a que los buscadores de aparcamiento pudieran ponderar sin miopía a quien votar y que los políticos dejaran de sufrir de la vista.
La orografía de Salamanca ayuda y facilita el uso de la bici. Con muy poco se puede mejorar mucho, y no sólo la miopía, ¡que en bici también se liga!!!
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En la ciudad de los miopes, el coche es rey.
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Coches, los de caballos, que pueden abonar las mentes de algunos...
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Excelente artículo. menos mal que todavía hay personas que saben decir bien las cosas.
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Es agradable encontrar un artículo tan sensato como éste que acabo de leer. Cuestionar el uso del coche y la distribución del aparcamiento en Salamanca es darse contra un muro de incomprensión (independientemente del color político) En una ciudad pequeña, compacta, de organización radioconcéntrica, con el comercio y la actividad económica cantralizada, con predominio del sertor servicios, envejecida y a la vez universitaria, con un alto porcentaje de trabajadores que acuden caminando a su trabajo, con una orografía benigna y un clima aunque algo frío, poco lluvioso... Con todo eso, el vehículo privado sigue siendo una «NECESIDAD» cotidiana para muchos salmantinos que se sienten agraviados y ofendidos cuando cualquier intervención urbana implica la disminución de aparcamiento en superficie en el entorno de su vivienda. El coche se ha adueñado de la ciudad, ocupa el 70 y 80% de la sección de nuestras calles, ha condicionado al resto de la actividad urbana de manera brutal, sus ventajas dentro de la ciudad brillan por su ausencia, pero sigue siendo el rey y ojo como lo cuestiones. Hemos hipotecado la variedad de uso y la actividad económica de nuestro espacio urbano y somos incapaces de verlo. Por otro lado, a mí lo que me parece una PRIVATIZACIÓN DEL ESPACIO URBANO es tener que renunciar a él sólo para que las propiedades de los demás tengan sitio y patente de corso gracias al «impuesto de circulación que pago»
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Aupa, enhorabuena
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No se que ven los políticos cuando viajan allende nuestras fronteras!!! Por qué no pueden incorparar aquellas mejoras que existen en las ciudades Europeas? Es que no ven como se prima el transporte público, el uso de la bici, los aparcamientos en las afueras de las ciudades...?
Políticos, llévense nuestros votos en sus vacaciones, tomen nota y ya verán con cuántas ideas nuevas regresan!!!!!!
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Menos coches y menos contaminación. Tiene que incrementar los espacios públicos, mayores aceras, parques, jardines, carriles bicis, todo lo que sea saludable y no contamine.
Lo agradecremos nosotros con menos enfermedades, menos gasto público en los hospitales, todos nos beneficiamos. ¿A quién trata de beneficiar el ayuntamiento? Desde luego no a los ciudadanos.
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La verdad es que me he ido un poco lejos para analizar y luego trasladar a Salamanca algunas ideas en torno al aparcamiento. En EEUU para poner en marcha un restaurante debes garantizar una cantidad determinada de plazas de aparcamiento. Lo mismo ocurre si se quiere construir un cine o, incluso, abrir unas oficinas. El coste de las casas varía incluso en función de la oportunidad para aparcar. Ello sin duda plantea una realidad un tanto diferente a la Europea pero que, en cualquier caso, demuestra que todos los estadounidenses pagan indirectamente (incluyendo a los que no tienen coche y van caminando o en bicicleta) los costes del aparcamiento gratuito a través de los precios de los bienes que consumen, por ejemplo en los supermercados o grandes áreas comerciales. Pero la historia del automóvil en los EEUU (determinada por unas circunstancias muy particulares de abundancia de territorio, rápido crecimiento de población, bajos precios de la gasolina, etc.) nos permite hallar algunas de las claves de lo que aquí en Europa se reproduce con demasiada frecuencia. Y si no comprobad qué pasa por ejemplo los fines de semana en la rotonda de los centros comerciales de Los Capuchinos y El Tormes cuando el tráfico se colapsa y tiene que intervenir un servicio público como es la policía municipal para organizar en realidad y con mayor eficacia que los clientes metidos en sus coches puedan llegar antes a comprar. ¿Qué os parece? Un servicio público multidisciplinar, por un lado gestionar y ordenar el tráfico como respuesta a una mala planificación no sólo urbanística sino también (y en consecuencia) del transporte y, por otro, contribuir a que la empresa privada pueda vender más en menos tiempo.
Los políticos efectivamente viajan y además, por lo que sabemos de nuestro alcalde salmantino, en el ámbito europeo. Sin embargo, la distancia que nos separa sobre todo desde el punto de vista social es tal que muchas veces nos encontramos con obstáculos del tipo al que comentáis, es decir, el salmantino que se siente agraviado y ofendido cuando se limita el aparcamiento en superficie. Como peatonalizas o restringes el tráfico entonces. ¿Por qué más de 10 km. de carril bici en Salamanca se han hecho hipotecando espacio del peatón? Y no defiendo ni mucho menos al alcalde. Llama la atención que con lo que ha viajado siga empeñado en el aparcamiento de Los Bandos. Pero la encrucijada social y cultural es sin duda la mayor dificultad por cuanto se ve reflejada y en gran medida determinada en la política local en torno al transporte. Un ejemplo de la paradoja social: la calle María auxiliadora con la aparición de El Corte Ingles, ha sufrido una remodelación no conocida en una calle salmantina hasta ahora (a excepción de las peatonales, que también dieron de qué hablar). Pues bien, la protesta gira en torno a la disminución de tantas plazas de aparcamiento y ¡nadie reivindica que tal vez se podrían haber ensanchado las aceras! o más grave aún, que el espacio peatonal se ha visto afectado por la irrupción de los contenedores (o islas ecológicas como llaman los gestores) y que estrechan el paso peatonal en algunos casos a menos de 1 metro. Por eso insisto en las políticas miopes como consecuencia de los votantes miopes (o viceversa)
La bici desde luego cumplirá un papel protagonista en el futuro. Los ejemplos los tenemos y por lo tanto no es una panacea. Por indicaros sólo algunas experiencias, os sugiero estudiar de cerca ciudades como Groningen, Lobaina, Grenoble o Pisa. O mejor aún, nada más cruzar los Pirineos, Montpellier o Bourdeaux. En España, sin duda las bicicletas públicas están detonando un nuevo usuario que tenía la bicicleta aparcada en el balcón y eso es positivo. Pero el reto no es solamente invertir en infraestructuras sino –como adelantáis- cambiar percepciones. El eslogan de “En bici también se liga” lo utilizaba Xevale en los años 80, un grupo ecologista gallego que como ocurre en estos ámbitos se adelantó a su tiempo. Pero menos mal que alguien se adelanta. Lo de las enfermedades, pues otro asunto decisivo claro que sí. Aun hoy nos impacta ver a parejas de ciclistas con la edad de nuestros padres que visitan Salamanca en bici. Eso es sí que es invertir en salud. Muchas gracias por vuestros comentarios. Seguimos…
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La mentira es que yo diga alguna vez la verdad sobre lo que opino sobre La foto de portada de Pedro Bellota.
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