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20 de marzo de 2010 - Núm. 1494
 

Reconstruir Francia
Alfonso Manjón

11 de mayo de 2007

Sarkozy: Reconstruir Francia

Que estar en el poder confiere un grado de experiencia, veteranía, de imagen y de fama dada es un hecho innegable. Y algo de eso tiene la victoria de Sarkozy en Francia. Él ha sido quien desde dentro del partido del último gobierno francés ha sobrevivido a duras penas los encuentros más duros de los últimos tiempos. Y él ha sido, quien dentro del partido, ha sabido corregir con gran pulso en su programa los lastres políticos de Chirac y Villepin. Como diría Zapatero, ha demostrado ser “un político solvente” que “representa a una derecha abierta y moderna capaz de encauzar el anhelo de cambio de un país llamado a recuperar la confianza en sí mismo”.

Que quien tiene la responsabilidad del progreso de un país, tiene las críticas, casi siempre mordaces, de la oposición, también es un hecho innegable. Y Sarkozy mantuvo el pulso a Royal en un programa televisivo donde parecía que el candidato tenía que dar razones de Estado para defender su programa electoral. Y aún, supo dar no sólo la cara, sino una buena imagen de serenidad y aplomo.

Y que el resultado electoral lo ha determinado en buena parte lo insustancial de uno de los dos programas, para mí, también es otro hecho incontestable. Aunque no debe desdeñarse que la alta participación en las urnas puede ser reflejo de una intención de voto, que se quiera o no, la mayor de las veces es decidida, porque sino no se vota, a menos que se vote no a “favor de” sino en “contra de” . Y no sé cuánto de eso tenía el país vecino. En Francia se jugaban el Elíseo dos programas renovadores que querían ser el reverso de la Francia actual. Pero sólo uno de ellos tenía un programa defendible. Ambicioso, ¿viable?, pero programa. Por lo tanto, no es que la victoria sea de la UMP, que también, sino que la derrota es más bien de la izquierda.

Con y por todo, aquel que prometía una “ruptura tranquila” y un viraje hacia el centro, ese que llamó “escoria” a los jóvenes radicales que provocaron los disturbios de finales del 2005, el hijo pródigo de Jacques, será el sexto presidente de la V República Francesa. El encargado de aplicar un programa que acabe con el ensimismamiento que parece sentir ese pueblo francés tan políticamente pesimista. Porque como diría aquel, lo suyo, más que crisis, parece un psicodrama nacional.

En su discurso, Sarkozy apeló con tono demagógico, pero sobre todo reconciliador, a toda Francia, para que se sintiera una. “Respetamos a la señora Royal como a millones de franceses que la han votado para presidenta de la República. Hay que amar a todos los franceses", decía. Es un gesto honroso por su parte, expresar respeto por ella, por sus ideas, y por todos los ciudadanos que votaron a favor del Partido Socialista.

Y es que, sin duda, aquel en cuyo programa apostaba por el cambio radical de un país donde, a mano tendida, el que algo quiera, deberá mojarse el culo ("Todo el mundo tendrá su oportunidad, pero deberá ganársela”), mantuvo un discurso en el que ante todo, se mostraba conciliador en todos los sentidos, o como él lo expresaba, en “un espíritu de unión y fraternidad”:

1. Con la misma Francia. Porque “por encima de las luchas políticas, por encima de las divergencias de opinión, para él hay una sola Francia” y ésta ha de ser una, y para ello debe fortalecerse, ante todo, la identidad nacional. Sarkozy, promete “devolver el honor a la nación y a la identidad nacional”, o lo que es lo mismo, “devolver a los franceses el orgullo de ser franceses”. ¡Como si alguna vez lo hubieran perdido!. “Esta noche no se celebra la victoria de una Francia sobre la otra, sino la victoria de la democracia, de los valores que nos unen, la victoria del ideal que nos integra”, añadía. Los franceses, sigue, deben tener ganas de “hablarse, de entenderse y de trabajar unidos”. Nicolás quería granjeárselos a todos. Extender su mano, y sobre todo su imagen, a todos los ciudadanos. Incluso a quienes provocaron los desórdenes tras conocerse el resultado de los comicios. Claro está, que ellos no se dieron por aludidos, y que seguramente pensarían aquello de que “ponerse al servicio de todos los franceses” no es lo mismo que ser “el presidente de todos los franceses”, entiéndase, el presidente que todos los galos desean tener por mandatario. Pero Sarkozy, seguía llamando a la tolerancia y el respeto a los vencidos en las urnas.

2. Con Europa, para apostar por la construcción europea. Aunque los franceses digan no a la Constitución y hayan visto a Europa como el eje de sus males internos.

3. Con EEUU. Para mostrarle su apoyo, y para que no crean que éste es incondicional, porque éstos deben respetar la diversidad de ideas. Y una cosa es la amistad y el entendimiento, y otra el respaldo categórico.

4. Con los pueblos europeos y africanos del Mediterráneo. Para crear una “Unión Mediterránea” de la paz, la civilización y la superación de los males políticos, sociales y económicos que los afectan entre todos. Y en definitiva ...

5. Con el mundo en general. Para conseguir la paz, la tolerancia y la democracia.

El tiempo será quien diga hacia donde camina esta nueva Francia a partir del día 16, y con ella, Europa y el mundo.

 

Por Alfonso Manjón

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